El poderoso Qinlong, Hijo del cielo, Emperador de china, esperaba en el salón del trono de la Ciudad Prohibida el regreso de sus generales, quienes le habían hecho llegar noticias de sus victorias y deseaban ofrecerle el valioso botín que habían conseguido.
Qinlong, estaba acostumbrado a recibir valiosas fortunas; joyas y sedas, mármoles labrados y maderas preciosa, excelentes caballos y mil otras riquezas, pero esta vez, además de todo eso, sus generales pusieron ante sus ojos una muchacha de tan extraordinaria parte y belleza que el emperador inmediatamente se enamoró de ella.
Qinlong, pregunto el nombre de la joven y sus generales le dijeron que nunca habían conseguido que dijeran ni una palabra y que la llamaban la princesa fragante porque era joven parecía estar envuelta en un perfume tan seductor que todo el que se le acercaba quedaba hechizado así pudo constatarlo el Emperador cuando se aproximo a ella y ordeno que fuera con ese nombre con el que se la conociera desde ese momento.
Los días que siguieron fueron un tormento para el emperador que había concebido un profundo amor por la princesa. Le rogaba que accediera a sus demandas y la joven movía la cabeza en un gesto constante de negación. No. No. Ella siempre decía no y Qinlong no prestaba atención a nada que no fuera la consecución de su amor
La madre del emperador se enfureció ¿quien creía que era esa extranjera para rechazar a su hijo del cielo? ¿A caso pensaba que podía hacer tambalear el imperio con sus desperdicios?
La orden se cumplió y al amanecer los llantos y gritos de los criados despertaron al Emperador con un terrible presentimiento corrió jardín solo para confirmar el horror que imaginaba. la princesa fragante yacía muerta sobre los cojines de seda donde le habían colocado las doncellas. Solo su perfume continuaba, vivismo, dando testimonio de su paso por el mundo. El emperador no volvió a amar a otra mujer.

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